miércoles, 14 de marzo de 2018

JACK VENENO – Primera Caída: El relámpago de Jack


Lo que para mí fue un martes raro, mucho trabajo como siempre el cual lo hice en “bola de humo”, llegue a las 7:30AM y creía que me iría a las 3PM, pero no fue hasta las 4PM que pude marcharme para “hacer una diligencia” con mi esposa.  La diligencia ir a ver una película, solos, ella y yo. Y que mejor opción que ir al olvidado CIMENA CENTRO, paradigma de mi juventud, a donde la clase media del polígono ya no asiste, se lo dejaron a los dominicanos extranjeros  de los otros barrios fuera del renombrado “polígono central”.

¿Y por qué CIMENA CENTRO? Que mejor lugar para rememorar la nostalgia de los años ochenta viendo esta película que nos traería a la mente la vida en el melancólico Santo Domingo de antaño, donde vivíamos más holgados, pocos edificios, mas casas, donde la tecnología era un beeper que lo usaban solo los médicos donde cuando recibían un aviso el aparatito solo vibraba y ellos tenían que buscar un teléfono para llamar a una central donde le avisaban cual era el motivo de la llamada.  No sé si recuerdan, pero las escaleras eléctricas de este cine fueron las primeras de Santo Domingo.

Fuimos los primeros en acceder a la sala con una funda gigante de palomitas y dos refrescos “de dieta” y la que estaba pautada para las 7:15PM inicio casi a las 7:30.  Me sorprendió ver la sala a un 75% de su capacidad, por la hora, y comenzó el manjar.  Lo que yo esperaba fuera un largometraje promedio se convirtió en un viaje por los recuerdos de cuando Santo Domingo era más bello.  La fotografía me robó la atención cuando al iniciar se ve desde el cielo la 27 con Ortega y Gasset y a medida que el Fiat 500, de los nuevos, avanza puedes ver al fondo a la izquierda los edificios de Naco, representando la gran urbe que es el DN en la actualidad.  Pero a medida que avanza la película te muestran la entrada a la ciudad como era cuando yo era niño, el rio Ozama, el puente Duarte sin el puente Bosch al lado, la plazoleta La Trinitaria, la París sin Elevado. En otras escenas ves el Centro Social Obrero de Villa Francisca donde muchas veces jugué baloncesto y la cual fue la casa de la Lucha Libre Dominicana hasta que se mudó al Parque Eugenio María de Hostos.  Ver como lograron recrear por computadoras o no sé cómo todos estos ambientes me causó nostalgia de la buena, fue como montarme en un carro de madera con gomas de “cajas de bolas” y viajar por este túnel del tiempo que me permitió viajar a mi niñez y juventud, donde la hora de la transmisión de la Lucha Libre por Color Visión era un toque de queda nacional.

Ver al ser humano, Rafael Sanchez, a.k.a. Jack Veneno, desde su niñez en los 50’s en plena dictadura, como ese niño ve esas películas de “El Santo” (el enmascarado de plata), verlo soñar y crecer para convertirse en este gran ídolo de multitudes. Me gustó ver aspectos de su vida que no había visto. Recuerdo que llegué a verlo alguna vez en el colegio De La Salle buscando a sus hijos. Luego cuando ya dejó de luchar, caminando por el Parque Mirador y para mí era como ver a Marlon Brando o a Roger Moore, era un héroe que podía verlo en carne y hueso.

Rememorar los anuncios, del Salami Induveca de Pedro A. Rivera en la Vega, del Forty Malt (para ponernos fuertes como él), del Auto-brillante Búfalo, de las motocicletas San-Yang ahí van, así como la voz inconfundible de Silvio Paulino gritando como una sirena “aaaaaahhhiiiiiiiiiii”, “todos los caminos conducen al Eugenio María de Hostos”, etc., fue un grato viaje por mi niñez. Y por supuesto cuando se acababa la lucha libre, todo el mundo para la grama del frente de la casa a darnos “fundazos” como en la lucha libre, todos queriendo ser Jack Veneno y entonando como el “por mi madre doña Tatica” o “yo soy un hombre de pelo en pecho”.  Que momentos aquellos.

De verdad que con esta historia de Riccardo Bardellino y Tabaré Blanchard, veo que el cine dominicano está avanzando a pasos agigantados, ya que esta película tiene de todo, buenos diálogos, excelente fotografía, excelentes actuaciones, bajo la dirección del Sr. Blanchard, lo que la hace romper los esquemas de las peliculitas dominicanas de ese humor maldito que atrasa.  Esto es cine, cine bueno, cine de calidad, cine exportable.  Tratan el tema con mucha seriedad y con un ritmo envidiable.  Mi papá que es un aficionado al cine, siempre me decía que cuando una película llega a su fin, y te quedas con deseo de seguir viendo más y más, y que no te cansa, entonces es una película bien hecha y está lo logró.

Espero que Papá Dios me deje ver en el 2020 la “Segunda Caída: El pueblo quiere lucha.”
Gracias Jack Veneno por hacer que mi niñez fuera una niñez muy feliz.

TheStarvingPredator (Miércoles 14 de Marzo del 2018)